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Agroecología

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Manifiesto I Foro comarcal.

POR LA SOBERANÍA VECINAL Y LA DEFENSA DEL TERRITORIO”

Villasur de Herreros, 2 de junio de 2013

Vecinos y vecinas de más de 20 pueblos de las comarcas burgalesas de Juarros, Demanda, Atapuerca, Montes de Oca, y otras aledañas, nos hemos dado cita en Villasur de Herreros los días 1 y 2 de junio, y hemos acordado este manifiesto:

  1. AUTONOMÍA LOCAL:

    1. Ante los actuales ataques legislativos sobre la autonomía de los pequeños municipios y pedanías, manifestamos:

      1. Que los pequeños municipios y sus habitantes no somos responsables de la crisis financiera ni de los desmanes que nos han llevado a la actual situación, a pesar de los cual, bien somos los principales perjudicados de estas medidas.

      2. Que nuestros concejos, juntas vecinales y pequeños ayuntamientos han sabido gestionar sus asuntos y servicios a la población, muchas veces con escasos recursos y gracias al esfuerzo personal de concejales/as y vecinos/as.

Y proponemos:

  1. Que los ayuntamientos y juntas vecinales de la comarca hagan frente común para defender su autonomía ante la pérdida de competencias, concentración de las decisiones y privatización de servicios que se derivan de las actuales reformas de las administraciones locales y la ordenación del territorio en Castilla y León.

  2. Que se posicionen a favor de las comarcas históricas, frente al reforzamiento de las Diputaciones y los nuevos “distritos” o “mancomunidades de interés general”.

  3. Que defiendan la integridad de los bienes comunales, como recursos estratégicos para la supervivencia de los pueblos, históricamente objeto de apropiación por parte de poderes públicos y privados.

  4. Que se adhieran a las plataformas y movimientos en defensa de la autonomía local que llevan más de un año luchando por la supervivencia de los pequeños pueblos, frente al expolio rural de las reformas en curso.

  • PARTICIPACIÓN VECINAL:

    1. Ante los escasos cauces para la participación y la toma de decisiones por parte de los vecinos en lo relativo a sus asuntos, manifestamos:

      1. Que el futuro de los pequeños pueblos pasa por la democratización de la vida municipal.

      2. Que deben promoverse espacios y sistemas para la participación directa, la toma de decisiones y la gestión de los municipios.

      3. Que deben protegerse y recuperarse los Concejos Vecinales, la institución municipal más democrática, eminentemente castellana, asamblea de todos los vecinos y vecinas, para regular y gestionar con autonomía los asuntos municipales.

      4. Que los debates municipales y la gestión de los municipios y de otras entidades de las que forman parte deben abrirse al vecindario afectado, dotándose de total transparencia.

  1. DEFENSA DEL TERRITORIO ANTE AGRESIONES AMBIENTALES

    1. Frente a la grave amenaza que suponen la fractura hidráulica y el lobby energético:

      1. Rechazamos de plano la extracción de gas mediante la técnica del “fracking” o fractura hidráulica, por sus nefastas consecuencias sobre nuestros acuíferos, ríos, humedales y suelos, recursos básicos para la vida, y por tanto sobre la salud humana, el ganado y la vida salvaje.

      2. Instamos a nuestros ayuntamientos a que se opongan tajantemente ante cualquier intento de estudio, prospección o extracción de gas con esta técnica.

    2. Ante el uso manifiestamente abusivo por parte de entes públicos de agrotóxicos para el control de la vegetación:

      1. Instamos a que abandonen esta práctica en el futuro, debido al grave daño sobre los ecosistemas y el penoso ejemplo que causa sobre la población.

  1. DINAMIZACIÓN RURAL AGROECOLÓGICA

    1. Ante el agotamiento del discurso del desarrollo rural, el turismo como propuesta única de futuro y las políticas de desagrarización del mundo rural:

      1. Proponemos que, tanto desde las instituciones públicas como desde la propia vecindad, se apueste por otro modelo de dinamización rural, basado en la producción agraria, la pequeña transformación alimentaria, la participación, el uso respetuoso de los recursos naturales y los circuitos cortos de comercialización y consumo, que propicie el asentamiento de la población.

      2. Para ello solicitamos la colaboración y el apoyo de las administraciones hacia este modelo:

        1. A la hora de legislar: Medio ambiente, vivienda y urbanismo, economía y empleo, agricultura, semillas y biodiversidad, alimentación, etc.,

        2. Dedicando recursos económicos y humanos.

      3. Proponemos un reequilibrio de la actividad económica, con un mayor peso de la producción primaria y la pequeña transformación a partir de los recursos locales, en estrecha relación con el sector hostelero y turístico.

      4. Proponemos que la Soberanía Alimentaria y la Agroecología sean los nuevos pilares para un mundo rural vivo.

ANEXO: Además de estas propuestas y demandas, el Foro Comarcal celebrado en Villasur dio lugar a multitud de nuevas ideas y proyectos gestionados por los propios vecinos, entre los cuales podemos destacar:

  1. Creación de una red vecinal de apoyo mutuo para trabajos comunitarios e intercambio de habilidades y recursos.

  2. Creación de una red de producción y consumo agroecológico.

  3. Coordinadora para la defensa de la autonomía local.

  4. Impulso para la democracia directa en el ámbito municipal.

  5. Campaña veraniega de solidaridad contra la fractura hidráulica y por la defensa del territorio.

  6. Recuperación de lugares públicos como molinos y caleras, compatible con su uso productivo.

  7. Sistemas para la movilización de tierras agrícolas y viviendas en abandono.

  8. Constitución de una red vecinal que aglutine a todas las personas que quieran compartir estos y otros procesos.

Descarga del manifiesto en PDF

 

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Ser, estar, sentir en el medio rural

Ser parte activa en el discurrir de los acontecimientos es una parte central del ser humano. Allá donde estén, las personas necesitan sentirse partícipes de la evolución de su entorno, de las decisiones que afectan a su hábitat y a su forma de vida.
A pesar de  la gran  capacidad de adaptación  del ser humano a los cambios -algo que hace que no sea fácil privarles de su ser- ante la imposición de realidades cambiantes, es inevitable la aparición de malestar y de conflictos.
Una de las principales obsesiones de los poderosos es conducir el curso de las cosas acometiendo sus imposiciones  sin que se note, es decir, sin que el malestar se visibilice y sin que los conflictos alcancen intensidades críticas.
Las gentes del mundo rural están demasiado acostumbradas a sufrir los efectos de las imposiciones que se fraguan en lejanos centros de poder sin casi llegar a conocer sus orígenes ni sus motivos; a emigrar; a abandonar sus formas de vida sin saber cómo ni por qué. Algunas han llegado a identificar conflicto con problema y condenan todo lo conflictivo, cuando en realidad esto es la consecuencia deseable de la violencia (unas veces física y otras no) que ejerce el poder.
Sin embargo, hay ocasiones en que la abrumadora velocidad de los cambios hace que el sentimiento de ser un observador/sufridor pasivo de los mismos y de otras tantas decisiones y políticas impuestas hace imposible encontrar consuelo en los míseros cauces de participación que nos concede el sistema.
El entorno rural nos ofrece una posibilidad de ser distinta, que básicamente se caracteriza por una relación diferente con la tierra y con el resto de especies de seres vivos (incluidos nuestros vecinos). Algo nos ha llegado de una herencia ancestral que nos conduce hacia una especie de fusión con la tierra, de tal manera que los atentados contra la misma son atentados contra nuestro ser y verdaderamente así lo sentimos. Un nuevo terruño que desaparece bajo el hormigón, una carretera que se desdobla y arrebata una franja más de campos, una familia campesina que abandona la actividad… No suceden ante nosotros de forma intrascendente sino que experimentamos un sufrimiento y se desata una alerta en nuestro interior. Más si cabe cuando lo consideramos parte de un plan global trazado hacia el sometimiento de todo lo originario.
Quizá el ser diferente en el medio rural tiene algo de “aborigen”. No tratamos de desarrollo rural, ni de que “venga gente a los pueblos por que sí” en una especie de fiebre por la repoblación, ni de “encontrar nuevos yacimientos de empleo” en un esfuerzo titánico que choca con un abrumador flujo económico opuesto a lo rural y lo agrario.
Se trata de que nos dejen ser y de que los pueblos sigan siendo un lugar donde ser diferente, porque, dejando a un lado nuestros deseos y sentires, ahora se postulan como más necesarios que nunca espacios donde poder ser de otra manera, ser indígena como salida al caos, donde fundirse con la tierra si queremos sobrevivir dignamente junto con el resto de especies.
Las imposiciones/agresiones sobre el medio rural suelen proceder de élites al servicio de voraces intereses que ven en el medio rural una cantera de recursos naturales y humanos que introducir en sus procesos económicos y bélicos, que básicamente consisten en acumular poder y capital, tarea para la cual los seres que lo habitan suelen ser un impedimento ante el cual, o son transformados o son expulsados (cuando no eliminados). Históricamente lo han intentado de las tres maneras. Hoy siguen perpetrando el ruralicidio con diversidad de estrategias según el momento y el lugar del globo que se trate. Y lo han conseguido con aproximadamente la mitad de la población del planeta.
El campesino es la fusión de la sabiduría con la tierra, opuesto a la jerarquía y a la acumulación. El sistema prefiere empresarios agrícolas/ganaderos eficientes, clientes de las industrias agroquímicas, que no cuestionen -desde un ser auténtico-, la lógica de competencia por la tierra y explotación de la naturaleza, que desaparecen fagocitados unos por otros en una carrera acelerada hacia la concentración de la propiedad y el poder sobre la cadena alimentaria por un pequeño oligopolio agroindustrial.
Aunque han allanado bastante el camino, los poderosos (no confundir con los políticos), no deben creer que pueden pasar  por encima de la voluntad de  quienes quieren  vivir el ser auténtico en el medio rural, llamémosle campesino, aborigen o indígena, porque ellos y ellas son la prioridad en un mundo en que la propuesta de la dictadura del mercado (o la democracia de consumo) se agota. Queremos hacernos escuchar y explicar nuestro sentir. Y tengan por seguro que no nos quedaremos ni con el sufrimiento ni con la rabia dentro, es malo para la salud.
Para empezar, queremos decir que los vecinos de los pueblos somos algo más que beneficiarios o receptores de servicios, luz, saneamiento, teléfono, televisión… competencia de tal o cual administración, sea el municipio, el neo-distrito o la vetero-diputación.
Los vecinos de los pueblos somos el pueblo, el “demos”, de “demo-cracia”. No vivimos en un municipio: SOMOS el municipio.
Pareciera necesario aclarar este punto a tenor de las propuestas y los debates sobre “ordenación” del territorio y reforma de la administración local. En un vaivén de competencias las administraciones van delegando, parece ser, de arriba hacia abajo hasta llegar al municipio. Pero no. La cosa no es así. Somos los vecinos quienes delegamos, o no, hacia arriba, ojalá, hacia formas de gestión democráticas y controladas desde la base. No olvidemos esto. No somos consumidores, sino seres con capacidad reflexiva y decisoria.
Tengamos esto claro si queremos  defendernos del asalto sobre lo poco que aún controlamos de nuestro hábitat: Tierra, agua, vida. El camino es recuperar y recrear la soberanía vecinal, fundiéndola una vez más con la defensa del territorio, para nuestro derecho a ser rural. No existe democracia si no hay nada sobre lo que decidir.
Por eso la principal agresión contra la democracia vecinal es la apropiación de lo común (la propiedad, en un proceso inusitado de concentración y acumulación), tierra, agua, caminos, pastos, servicios; y la contaminación de todo; pero, también y sobre todo, la condena de nuestra forma de ser, estar, sentir.